Ya, en cierto modo, me conocen. Mi nene, el Santi, sin autorización,(atrevido como siempre,) publicó el relato de mis recuerdos. Como se habràn dado cuenta, no nací ayer. Con mi amigo del alma, Häberli, que se me fue hace poco, decíamos que con Benedetti e Idea Vilariño, somos de la sub 20. Por el año en que nacimos. Los espero.Tata

jueves, 14 de abril de 2011

Aquí me pongo a contarte 1

Recuerdan que prometí, si me daba el coraje, el contar que también yo, tuve mi canción hasta ahora casi secreta. Salvo para el Santi, con el que a veces, y cuando me visita, (de acuerdo a la droga de la verdad ingerida,) surge la necesidad de contar al amigo, (al mejor, claro,) mi deslumbramiento al descubrir el amor, y le relato entonces la experiencia vivida, que para mí fue gloriosa , y mantuve siempre guardada en el recuerdo.

Él me animó a hacerlo, porque según dice, las damas siempre están ávidas de escuchar o leer esas historias. Y decidí hacerle caso.

Acá va. Tenía 13 años recién cumplidos cuando dejé el Seminario, en el que estuve año y medio. Volví a mi pueblo añorado, donde mi hermana, que trabajaba en un casa de comercio en la que vivía, ya que era como de la familia y donde no había comodidad para mí, me mandó a un establecimiento de campo enorme, (no hay duda que siempre fui afortunado) al que limitaba por el oeste el río Uruguay, y por el sur un arroyo, creo era el Itacumbú, que al desembocar en el río Padre, formaba con él un triángulo glorioso, de monte, cielo, agua y pájaros. Y casi en esa orilla, señoreaba un timbó. Creo que es el árbol más grande de nuestros montes nativos. Seguramente la mayoría de ustedes lo conocen. Su semilla tiene la forma de una oreja. Y es negra. Es muy común en las plazas de nuestros pueblos, donde se lo conoce como oreja de negro. Tiene una particularidad; ese al menos la tenía, de no tener un follaje demasiado tupido por lo que su sombra a veces no es total, lo que hizo que quedara en el recuerdo de mi piel para siempre. Ya lo sabrán, pero todo a su tiempo.

Ya conté en otra oportunidad que durante mi estadía en ese lugar, por la mañana, llevaba a caballo, través de un campo enorme de trigo recién cosechado, el desayuno a los muchachos, hijos del propietario, (mate cocido con leche) en aquellas latas de dos litros que habían sido de aceite. Y luego, (aquí empieza la historia,) al medio día ayudaba a la hija de la casa, a llevar la ropa para lavar en el río. Ella tenía 18 y yo 13.

Por otra parte, yo venía del Seminario donde la virtud era condición indispensable para salvar el alma. Y ella, en cambio, no venía como yo, de un lugar donde la castidad era un estilo de vida que de no respetarlo condenaba al fuego eterno. Por el contrario, hasta hacía muy poco tiempo, vivían en Azul, cerca de Buenos Aires, donde había dejado a su novio. Y, claro, después de conocer el cielo, pensaría que el haberlo perdido sí que era un infierno. Osiris dice; “y era una tarde de estío!!” . ¿Saben lo que son los veranos del norte? Entonces imaginen; la pobrecita me habrá mirado, y sintiendo su soledad, (de todo tipo) se habrá dicho: algo es algo. No olvidar que era Diciembre. Y me propuso darnos un chapuzón. Por supuesto, me interné en la playita con mis pantaloncitos cortos; ella lo hizo en ropa interior.

Se imaginan; quedé sin respiración. Voy a transcribir una de las estrofas de Osiris.

Y era redondo el arrullo

caliente de las torcazas

y el churrinche prisionero

de mis sienes palpitaba!

Palpitaba…. Y ella, abría

Su risa como una jaula!

Claro; con mis trece años, virtuosos pero románticos, no sentí los arrullos calientes pero si ví dos torcazas prisioneras. Qué importaba el calor de los arrullos , si adivinaba la tibieza de las torcazas. Y les aseguro que el churrinche de mis sienes quería levantar vuelo. Y el agua fresca del río, a mí, al menos, me aquietó un poco, (no tanto) el latido de mis sienes treceañeras.

Luego llegó el momento de volver-como decían allá- a las casas. Y entonces ella me dijo algo que me dejó sin respiración. “Que feo que es estar con la ropa empapada; mañana para bañarnos vamos a desnudarnos, así no se nos moja.” ¿Se imaginan el susto.? No; no pueden imaginárselo. El susto y la ansiedad por que llegara el momento.

Y, cosa que nunca me sucedía, esa noche el sueño no llegaba. Pero a esa edad aunque tarde, nunca falla. Se imaginan a qué hora de la madrugada me desperté.

Después, la que no pasaba nunca era la mañana. Hasta que llegó, como decía Peloduro, la hora crucial de la historia, que era la del baño. Llegamos al río. Por supuesto, la que llevaba la voz cantante era ella. Como la lleva siempre el sexo ¿débil?- “Sacate los pantalones.” Ante mi duda: “¿qué estás esperando?”. Lo tengo todo fotografiado en la memoria. Una vez que lo hice: “ahora desprendeme el corpiño.” No se decía desabrochame ni tampoco soutien. Y sucedió el milagro. Osiris dice; “la ví desnudar su cobre, para jugar en el agua.” En este caso no fue su cobre. Lo que hasta ahora habían sido torcazas enjauladas, brillaron, con su color blanco mate y sus piquitos rosados, en todo su esplendor.

Y, seguramente , desde el más allá don Sigmund Freud se restregaba las manos, al encontrarse con un Edipo por partida doble. Ella, con su mezcla de adolescente ardiente y de mujer de desbordante de ternura, y yo, un gurí embobado por esa ternura que mi madre no había podido ofrecerme, (murió de tuberculosis antes de mis tres años, nunca me besó ni me pudo amamantar) pero ya con mi cuerpo encendiéndose no solo en ternura, formábamos una pareja ideal para ser estudiada por una sociedad de sicólogos. Por supuesto, quien tomó la iniciativa fue ella. El poema dice: “nos quisimos en la ardiente media luna de la playa”. Nosotros lo hicimos a la sombra del timbó, sobre una alfombra verde de gramilla que tapizaba la arena. ¡Y era un medio día de estío!!....

Nunca, las pocas veces que eso sucedió, cambiamos de escenario. No hubo trigo, ni parvas, ni flores como sombrillas. Recuerdo solo la gloria tibia de su piel.

Cada vez que aquello vuelve a mi memoria siento, quemándome la espalda como gotas de fuego, el sol norteño que se filtraba por entre el follaje del timbó.

Y, aunque no lo crean, mi conciencia de seminarista me remordía. No olvidemos que el protector de nuestra castidad era san Luis Gonzaga, al que nos ponían como ejemplo en el seminario. Pero, la verdad, el temor a un infierno hipotético, desaparecía cuando uno vivía permanentemente en el cielo. Y, como se imaginan, me enamoré perdida y desesperadamente. Me costaba dormirme, deseando que llegara la mañana y, por supuesto el medio día. Cada hora en la que no estaba cerca de ella, duraba una eternidad.

Ella debutaba como profesora. Yo, absolutamente virgen de toda experiencia, lo hacía como alumno. Siempre he dicho que soy un tipo con mucha suerte. A pesar del deslumbramiento, creo haber sido un alumno aventajado. La profe lo reconoció prodigándome caricias y ternura. Eso me marcó de por vida, y sirvió de escudo para, cuando ya de grande, y frente a una deprimente experiencia prostibularia, que no volví a repetir, recordara que eso no tenía nada que ver con la verdad.

Voy a llamar al Santi, mi consejero, para que me autorice a publicar o no esta experiencia. Si la hubiera escrito otro, me sonaría a una novelita barata de Corín Tellado.

Pero fue tal cual

martes, 5 de abril de 2011

aquí me pongo a cantarte 3

Como de costumbre, esta maldita se empacó y, como la entrada, (la poesía) era un poco larga, me dio a entender que no podía seguir, pues no se movió la página. De manera que procuraré economizar espacio, pues quiero contarles que ese poema increíblemente casi pude, si hubiera sido capaz, de escribirlo yo. Si me da el coraje a lo mejor un día se los cuento




CANCIÓN SECRETA

Le vi desnudar su cobre para jugar en el agua,
por los súbitos rumores pajareros de una rama.
Yo estaba solito y solo, sentado en una barranca
mirando el chisporroteo de un cardumen de mojarras
Y era una tarde de estío!...por el huerto de los talas
el aire rodaba dulce como miel de lechiguanas
su fina piel de guayabo, silo de soles andaba,
de las caricias del río al abrazo de la playa.

y era redondo el arrullo, caliente de las torcazas
y el churrinche prisionero de mis sienes, palpitaba!
Palpitaba... y ella abría, su risa como una jaula!
||

Se lo dije sin los ojos. Se lo dije...con palabras
que se iba llevando el río como frases deshojadas;
como pétalos mordidos, como migas de esperanzas.
Nos quisimos en la ardiente media luna de la playa;
me obsequió una flor de ceibo , pero la dejé olvidada....
Recorrimos el cariño desde el cobre hasta la plata,
y hasta el pago de los grillos por un trillo de chicharras!
Se me marchó con la luna, la luna vino a buscarla
por los senderos del monte con mucho miedo en la cara n No vimos de tarde en tarde, mientras campeaba sus vacas;
visitábamos el trébol, los maizales y las parvas.

Y una tarde nos cubrieron los hinojos, que levantan
sus sombrillas amarillas como niñas estiradas.
Y después.... fue en el invierno, una tarde fría y clara
me dijo sílabas tristes parecidas a las lágrimas
y yo ...cosas parecidas a pañuelos contestaba

Pero todo fue de balde, la suerte ya estaba echada,
y hubo que romper las horas,como se rompen las cartas...-
cuando me dijo el adiós, me desgajé sin palabras;
gritó el lucero angustiado, de verme solo en la playa,
y creo que fue esa noche, que yo encontré mi guitarra.










lunes, 21 de marzo de 2011

Aqí me pongo a cantarte 2.


CANCIÓN PARA MI RÍO



El río, rumbo que canta,
fue mi maestro primero;
junto a su espejo viajero
creció indígena mi planta;
él me puso en la garganta,
las voces elementales
cuando en tardes estivales
pasaba verde su canto,
como un torrente del llanto
vertido por los sauzales.

Azul de noches serenas
penas de cielos nublados
cantos, de cantos rodados,
rodando por sus arenas;
ternuras dichas apenas,
rebeldías desbordadas,
súbitas luces robadas
a los cielos invernales,
cual si templara puñales
en sus entrañas heladas

También yo templaba un rayo
con avaricia febril;
juntaba estrellas de Abril
para mis versos de Mayo
Miré pasar, de soslayo,
mis colores alboreros
buscando los verdaderos
acordes del sentimiento,
junto al relincho del viento
desflecado en los esteros.
Y ambicionaba el arrullo
milenario de mi río,
para hacer el viaje mío
con la música del suyo;
cierta noche en que un cocuyo
pitaba en su placidez,
alcé mi canto, y tal vez,
por orgullo o por halago,
me puso el cielo del pago
con estrellas a los pies.
Y crucé por su picada
milagrosa de reflejos,
y él me encendió cantos viejos
por la sangre iluminada;
limpia luna cincelada
por su peregrinación,
cuajó el primer medallón
de mi rastra, y ya en orilla,
me encendió a maravilla,
del lucero en el talón.!
Destino dulce, y amargo,
de rumoroso sendero;
salí armado caballero
del canto y el viaje largo;
he dejado sin embargo
tan honda raíz en él,
{que aún soy, sobre el tiempo, aquel}
{muchacho del mojarrero,}
{que hizo un sueño marinero}
{para un barco de papel....}



miércoles, 16 de marzo de 2011





aquí me pongo a cantarte
con una voz de otros tiempos
unos cantan por ser más
yo canto por no ser menos


Así decía Fernán Silva Valdés en unas canciones que, cuando integraba la B. Municipal tocábamos en las escuelas. Esto viene al caso porque felizmente me reencontré con Grillo nochero, un libro de poesías de Osiris Rodríguez Castillo, las que me llevaron de la mano a los tiempos de mi niñez y adolescencia temprana. Nunca fui capaz de expresar en forma escrita mis sentimientos. Por eso siempre admiré a los dichosos que podían hacerlo, aunque muchas veces lo lograran a expensas (imitación mediante) del romancero español. Quiero compartir con ustedes algunos de, (lo que le llama él) poemas terruñeros. Este primero es un poco largo, y, tal vez a ustedes les resulte más, porque no compartieron como yo lo hice, el embrujo del agua, distancias y silencios. Pero creo les va a gustar. (Ojo; si hay alguna similitud, y no me refiero a la poética sino a las vivencias infantiles del autor y el de este club de lectores, es pura coincidencia)


CANCION PARA LAS PUAS DE MIS ALAS


Monte, fogón, y abrazo de guitarra.
y este colmo de grillos del silencio
y este dialecto líquido que pasa
con resaca de estrellas junto al ceibo
Por el aire, ciudades de luciérnagas
y una hogaza de luna, entre los dedos
de los árboles altos,
deja rodar migajas hasta el suelo

Lo sauces de la costa,
descienden en silencio,
su lluvia vegetal, enamorada
de la luz circular en los reflejos.....
El monte es un remanso donde se queda el tiempo..
Y aquí, donde dejase mi alborada
perdida entre los sauces,
me reencuentro
Me conocí, vagando por la costa
con meses de chicharra y mojarrero,
cuando entre fogonazos de churrinches
brillaba plata viva en los espejos....
yo merendé color en los chalchales;
me hundía en una réplica del cielo,
cobre de sol maduro por afuera;
rojo de sol naciente pecho adentro.

Un antiguo coloquio de torcaces
me ablandó el arenal, para los sueños
y la oración de manos en la nuca
que me llevó a los pagos del secreto

supe ser un gurí bien de la raza;
pero dejé en los libros el dialecto,
y perdí el fresco aroma de las flores
con nombre guaraní, que fue mi griego...

Junté polvo de trillo en la memoria
siguiendo el rumbo horizontal del tiempo,
y amaba el alma pálida de Europa
como a un flor anémica de invierno...

Hoy he vuelto a mis lares;
al remanso donde se queda el tiempo.
Regresé jubiloso a donde estaba,
tantas lunas atrás con mi dialecto.

Ya estoy en mí, y ascenderé mañana
rojo de sol naciente, pecho adentro,
con la misma pasión que por el alba
se despierta clarín el teru tero!

Resurgiré con púas en las alas,
de este colmo de grillos del silencio
de este dialecto líquido que pasa
con resaca de estrellas junto al ceibo!!

martes, 15 de marzo de 2011

Como recordarán, se me ocurrió la idea peregrina de un club de lectores, que tuvo una aceptación, si bien valiosa por los que se adhirieron, no numerosa. Peor para los omisos. Pero desde ya va la amenaza de publicar algo de -don Osiris , con comentarios y tal vez colaboración personal, por aquello de, en cierto modo, vidas paralelas. No en lo poético, (pobre Osiris), pero sí en aconteceres. De manera que, como decía mi vecino, aprontensén. Por supuesto, que el lei motiv es, cuando no, el río y sus aledaños. Aunque su río fuera otro. Pero todos, siempre, tienen en común el ser un cielo azul que viaja. De manera que a lo mejor hoy mismo arranco.

sábado, 12 de marzo de 2011




Hoy es 12 de Marzo. También un día como mañana, 13 deMarzo pero de 1947, apenas 64 años atrás, me traje a la Yaya p'al rancho. Y heroicamente, pobrecita, me aguantó casi 63.
Quiero, por eso, compartir este recuerdo querido. Sé que muchos de ustedes creen en el más allá. Yo, desgraciadamente aunque quiera no puedo hacerlo. Y muchas veces, quisiera no creer en el más acá. Si existiera el más allá, la Yaya querida ya estaría diciendo, como siempre. No hay caso; este hombre nunca va a tener juicio. No aprendió en 64 años. Y yo le contestaría también como siempre, negra; por suerte. Lo de rancho es tal cual; era una casa de, como dice la canción, lata por fuera y por adentro madera. Pero para nosotros preciosa. Y, operación bancaria mediante de 200 pesos, nos fuimos (por vez primera salíamos del país) a Bs. Aires. A lo mejor tengo suerte y el Santi coloca alguna foto de ese paseo de sus papitos, para así redondear el recuerdo.

sábado, 5 de marzo de 2011

Por lo que veo, la idea no fue muy brillante. Nos vale más a Marple y a Fenando escribir a nuestros correos o prestarnos los libros, ya que junto al Santi somos los únicos interesados en el asunto.

jueves, 3 de marzo de 2011

CLUB DE LECTORES - FRAGMENTO DEL CAPÍTULO 3 DE "CAÍN" DE SARAMAGO



COLABORACIÓN DE ANDAL13


Fragmento del capítulo 3 de “Caín”, de José Saramago.

Editorial Alfaguara, 2010

Traducción de Pilar del Río


“(…) Pronto se vio que las vocaciones de los dos niños no coincidían. Mientras abel prefería la compañía de las ovejas y de los corderos, las alegrías de caín iban todas con las azadas, los bieldos y las hoces, uno destinado a abrirse camino en la pecuaria, otro para singlar en la agricultura. Hay que reconocer que la distribución de la mano de obra doméstica era absolutamente satisfactoria, ya que cubría íntegramente los dos sectores más importantes de la economía de la época. Era voz unánime, entre los vecinos, que aquella familia tenía futuro. E iba a tenerlo, como en poco tiempo se habría de ver, contando siempre con la indispensable ayuda del señor, que para eso está. Desde la más tierna infancia caín y abel habían sido los mejores amigos, a tal punto llegaban que ni hermanos parecían, donde iba uno, el otro iba también, y todo lo hacían de común acuerdo. El señor los quiso, el señor los juntó, así decían en la aldea las madres celosas, y parecía cierto. Hasta que un día el futuro entendió que ya era hora de manifestarse. Abel tenía su ganado, caín su campo, y, como mandaban la tradición y la obligación religiosa, ofrecieron al señor la primicia de su trabajo, quemando abel la delicada carne de un cordero y caín los productos de la tierra, unas cuantas espigas y simientes. Sucedió entonces algo hasta hoy inexplicado. El humo de la carne ofrecida por abel subió recto hasta desaparecer en el espacio infinito, señal de que el señor aceptaba el sacrificio y de que en él se complacía, pero el humo de los vegetales de caín, cultivados con un amor por lo menos igual, no fue lejos, se dispersó allí mismo, a poca altura del suelo, lo que significaba que el señor lo rechazaba sin ninguna contemplación. Inquieto, perplejo, caín le propuso a abel que cambiasen de lugar, pudiera ser que circulara por allí una corriente de aire que causara el contratiempo, y así lo hicieron, pero el resultado fue el mismo. Estaba claro, el señor desdeñaba a caín. Fue entonces cuando se puso de manifiesto el verdadero carácter de abel. En lugar de compadecerse de la tristeza del hermano y consolarlo, se burló de él, y, como si eso fuese poco, se puso a enaltecer su propia persona, proclamándose, ante el atónito y desconcertado caín, un favorito del señor, un elegido de dios. El infeliz caín no tuvo otro remedio que engullir la afrenta y volver al trabajo. La escena se repitió, invariable, durante una semana, siempre un humo que subía, siempre un humo que podía tocarse con la mano y luego se deshacía en el aire. Y siempre la falta de piedad de abel, la jactancia de abel, el desprecio de abel. Un día caín le pidió al hermano que lo acompañara a un valle cercano donde corría la voz de que se escondía una zorra y allí, con sus propias manos, lo mató a golpes con una quijada de burro que había escondido antes en un matorral, o sea, con alevosa premeditación. Fue en ese momento exacto, es decir, retrasada en relación a los acontecimientos, cuando la voz del señor sonó, y no sólo sonó la voz, sino que apareció en persona. Tanto tiempo sin dar noticias, y ahora aquí está, vestido como cuando expulsó del jardín del edén a los infelices padres de estos dos. Tiene en la cabeza la corona triple, en la mano derecha empuña el cetro, un balandrán de rico tejido lo cubre desde la cabeza a los pies. Qué has hecho con tu hermano, preguntó, y caín respondió con otra pregunta, Soy yo acaso el guardaespaldas de mi hermano, Lo has matado, Así es, pero el primer culpable eres tú, yo habría dado mi vida por su vida si tú no hubieses destruido la mía, Quise ponerte a prueba, Y quién eres para poner a prueba lo que tú mismo has creado, Soy el dueño soberano de todas las cosas, Y de todos los seres, dirás, pero no de mi persona ni de mi libertad, Libertad para matar, Como tú fuiste libre para dejar que matara a abel cuando estaba en tus manos evitarlo, hubiera bastado que durante un momento abandonaras la soberbia de la infalibilidad que compartes con todos los demás dioses, hubiera bastado que por un momento fueses de verdad misericordioso, que aceptases mi ofrenda con humildad, simplemente porque no deberías rechazarla, porque los dioses, y tú como todos los otros, tenéis deberes para con aquellos a quienes decís que habéis creado, Ese discurso es sedicioso, Es posible que lo sea, pero te garantizo que, si yo fuese dios, diría todos los días, Benditos sean los que eligieron la sedición porque de ellos será el reino de la tierra, Sacrilegio, Lo será, pero en cualquier caso nunca mayor que el tuyo, que permitiste que abel muriera, Tú has sido quien lo ha matado, Sí, es verdad, yo fui el brazo ejecutor, pero la sentencia fue dictada por ti, La sangre que está ahí no la derramé yo, caín podía haber elegido entre el bien y el mal, si eligió el mal pagará por eso, Tan ladrón es el que va a la viña como el que se queda vigilando al guarda, dijo caín, Y esa sangre reclama venganza, insistió dios, Si es así, te vengarás al mismo tiempo de una muerte real y de otra que no ha llegado a producirse, Explícate, No te va a gustar lo que vas a oír, Que eso no te importe, habla, Es muy sencillo, maté a abel porque no podía matarte a ti, pero en mi intención estás muerto, Comprendo lo que quieres decir, pero la muerte está vedada a los dioses, Sí, aunque deberían cargar con todos los crímenes cometidos en su nombre o por su causa, Dios es inocente, todo sería igual si no existiese, Pero yo, porque maté, podré ser matado por cualquier persona que me encuentre, No será así, haré un acuerdo contigo, Un acuerdo con el réprobo, preguntó caín, sin terminar de creerse lo que acababa de oír, Diremos que es un acuerdo de responsabilidad compartida por la muerte de abel, Reconoces entonces tu parte de culpa, La reconozco, pero no se lo digas a nadie, será un secreto entre dios y caín, No es cierto, debo de estar soñando, Con los dioses eso sucede muchas veces, Porque son, como suele decirse, inescrutables vuestros designios, preguntó caín, Esas palabras no las ha pronunciado ningún dios que yo conozca, nunca se nos pasaría por la cabeza decir que nuestros designios son inescrutables, eso es algo inventado por hombres que presumen de tener un trato de tú a tú con la divinidad, Entonces no seré castigado por mi crimen, preguntó caín, Mi parte de culpa no absuelve la tuya, tendrás tu castigo, Cuál, Andarás errante y perdido por el mundo, Siendo así, cualquier persona me podrá matar, No, porque pondré una señal en tu frente, nadie te hará daño, pero, como pago por mi benevolencia, procura tú no hacer daño a nadie, dijo el señor tocando con el dedo índice la frente de caín, donde apareció una pequeña mancha negra, ésta es la señal de tu condenación, añadió el señor, pero es también la señal de que estarás toda la vida bajo mi protección y bajo mi censura, te vigilaré dondequiera que vayas, Lo acepto, dijo caín, No te queda otro remedio, Cuándo comienza mi castigo, Ahora mismo, Puedo despedirme de mis padres, preguntó caín, Eso es cosa tuya, en asuntos de familia no me meto, pero seguramente querrán saber dónde está abel, y supongo que no les vas a decir que lo has matado, No, No, qué, No me despediré de mis padres, Entonces, vete. No había nada más que decir. El señor desapareció antes de que caín hubiera dado el primer paso. La cara de abel estaba ya cubierta de moscas, había moscas en sus ojos abiertos, moscas en la comisura de los labios, moscas en las heridas que había sufrido en las manos cuando las levantaba para protegerse de los golpes. Pobre abel, al que dios había engañado. El señor hizo una pésima elección para inaugurar el jardín del edén, en el juego de la ruleta que puso en marcha todos perdieron, en el tiro al blanco de ciegos nadie acertó. A eva y adán todavía les quedaba la posibilidad de engendrar un hijo para compensar la pérdida del asesinado, pero qué triste la gente sin otra finalidad en la vida que la de hacer hijos sin saber por qué ni para qué. Para continuar la especie, dicen aquellos que creen en un objetivo final, en una razón última, aunque no tengan ni idea de cuáles son y nunca se hayan preguntado en nombre de qué tiene que perpetuarse la especie, como si fuese ella la única y última esperanza del universo. Al matar a abel por no poder matar al señor, caín ya dio su respuesta. No se augure nada bueno de la vida futura de este hombre.”

martes, 1 de marzo de 2011

¿ Que les parece?




Hola a todos. Luego de mi entrada anterior, se me ocurrió pensar que estaría bueno formar un club de lectores para así compartir, como sucedió con el río de Yupanqui, fragmentos interesantes de libros que no todos tenemos y muchos no se consiguen. Prometo que no copiaré nada del Quijote, la Divina comedia o la Odisea. Y mucho menos algo propio. No sé si la idea cuenta con vuestra aprobación.
Un abrazo

domingo, 20 de febrero de 2011

Como dije antes, el Santi me expropió el blog. Estoy tratando de recuperarlo. Ojalá

EL RIO


Quiero contarles que la casualidad me llevó a descubrir, esparcidos sobre la vereda de 8 de Octubre y Sanguinetti, una cantidad de libros usados, que van desde Manrique y Garcilaso, pasando por Salgari y Federico hasta el cantar del mío Cid. Amén de muchos de menor fama.

Pero lo que me emocionó, fué el descubrir una edición montevideana de Aires Indios, de don Atahualpa el grande. Por supuesto que la expropié en el acto. Manchado de humedad, y con una dedicatoria casi ilegible, fechada en 1951, es una recopilación de prosa y poemas.

Pero lo que más me impresionó fue que al hojearlo, lo primero que apareció fue "El Río". Sólo leer el título me retrotrajo a la infancia. Y sentir la única envidia que cultivo. La de no ser capaz de, como hacen esos privilegiados, con un mínimo de palabras, hacernos vivir de nuevo esas emociones que éramos capaces de sentir, pero no de expresar, al regalárnoslas envueltas en poesía. Y quiero compartirlo con ustedes.


Ahí va :

EL RIO

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_ ¿Sabes que está haciendo el Luis Vite?

_ Está durmiendo junto al río

_ No. Está aprendiendo música

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“El río es el maestro de los muchachos pastores, como el viento es el maestro de los hombres que van a las cordilleras. Cuando el rebaño baja de las lomas, la tarde se llena de balidos que el oído recoge y el corazón agradece. Es un descenso blando y musical, y, entre los verdes manchones del cerro, la línea en fila india de las ovejitas pone la nota clara, como si fuera una senda donde la nieve se hubiera animado de pronto a cantar cosas.

Al llegar el rebaño junto al río, los corderos retozan y beben. Los perros pastores corren de un lado a otro vigilando la inquieta tropa. Entonces, el muchacho puestero tiene tiempo para tenderse un momento y aprender la lección musical de la tarde. El agua viene con fuerza desde lejos, desde las cumbres. Sus caminos se van ensanchando a medida que encuentra tierra llana, y entonces ya no brinca en las piedras. Ordena sus voces, y su viaje claro y fresco está lleno de tonos.

Por momentos, el agua finge una ola breve, y un banderín de espuma se levanta como simbolizando una senda de adioses. A veces, el agua topa una piedra grande y se divide en dos.Por la derecha, va el canal superior grave y seriamente. Por la izquierda, se asoma una saltarina sendita de agua burladora de guijarros como un chango travieso. Y al poco trecho vuelve a su única senda el viaje del río.

Y todo eso lo mira y lo oye el muchacho pastor. El Luis Vite sabe que cuando el río pasa sobre piedras de colores , la luz se llena de cosas un poco mágicas, como en un capricho de jugar a quien pinta mejor una senda de músicas. Sabe que el tono juguetón le sirve para hallar luego una alegría en su charango. Y cuando la brisa peina a contrapelo el viaje de las aguas, se levantan sonidos que ayudan a comprender ciertas cosas que tienen las quenas cuando no quieren ser demasiado tristes.

Después las corridas de los perros y las travesuras de las ovejitas hacen que el muchacho concluya su aprendizaje del día.

Y se marchan todos por la senda fácil donde el matorral anuncia primavera y tibieza.”

A. Yupanqui

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Seguramente a ustedes les encantó esa prosa poética. Pero piensen en lo que puede sentir ahora, el que fue aquel gurí que convivió, salvo un pequeño intervalo de Seminario, con ese inmenso, (como dijo don Aníbal) cielo azul que viaja.

Santi conoció ese río cuando tenía cinco años, y ahora lo vió cambiado por la represa enorme que aumentó la altura de su caudal en cuatro metros frente a mi pueblo querido, llegando ahora su corriente casi a la altura de lo que para mí, que entonces no levantaba medio metro del suelo, (ahora no es mucho más) eran unos gigantescos acantilados de basalto desde donde contemplaba la costa argentina, y, algunos quilómetros al norte, la desembocadura del Cuareim que se volcaba en el río Padre. Y también desde donde,escuchaba y conocía cada rumor que vivía en el silencio... El de los camalotes ondulando al viento, el susurro de la corriente ya mansa al llegar a la costa entre los juncos, y el brillo de las mojarras que a veces saltaban jugando cerca de la orilla. Y, para definitivamente completar mi comunión con el río, quiso la suerte que antes de venirnos a vivir a Montevideo, fuera a pasar casi un mes a una hacienda enorme de unos amigos de mi hermana, cuyos límites oeste y sur eran el río Uruguay y el arroyo Itacumbú que se unían en el triágulo de monte, arena, y gloria de pájaros de su desembocadura. A los muchachos, hijos de los dueños del establecimiento les llevaba bien tempranito el desayuno, (mate cocido con leche y pan casero) en una de aquellas latas de aceite de dos litros, a caballo, a través de un enorme campo de trigo. Y, cerca del medio día, acompañaba a la hermana menor de los susodichos, a lavar la ropa a la orilla del río. Y, por supuesto, había que darse un chapuzón para soportar los calores del Diciembre norteño. Ella tenía cuatro años más que yo. Lo que no fue obstáculo que con mis 12 primaveras me enamorara perdida y desesperadamente. Así que mi río fue también testigo de mi amor primero. No sé, si como el Vite de Yupanqui también yo estaba aprendiendo música. Pero si aprendí, cuando en las noches sin luna me ponía boca arriba acontemplar la vía láctea,(nunca volví a verla tan gloriosa) a soñar. Después la vida tomó otros caminos. Pero por suerte, aquel gurí nunca quiso abandonarme. Ni se lo permitiré jamás,

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domingo, 13 de febrero de 2011

Santa Ana


Debo contar a todos, que en este preciso instante, acabo de conquistar mi total independencia intelectual, (si es que todavía me queda algo que se pueda llamar intelecto). Les cuento porqué. Diego, mi yerno nieto, esposo de Virginia, me acaba de enseñar a manejarme con cierta autonomía con esta máquina endiablada que 90 años hace, era inimaginable. De manera que bajo mi total responsabilidad, en lo que tiene que ver con redacción, puntuación y, lo que ya es más jodido, sintaxis, pasan a ser de mi total responsabilidad e incumbencia. Paso a transcribir mi engendro, tal como lo hice bajo la amenaza, (y con mi agradecimiento, seamos sinceros) de una serie de amputaciones y mejoras. Pero, lo original también tiene lo suyo. De manera que ahí va.

No sé si estos recuerdos de las vacaciones pasadas en Santa Ana, en la Colonia del Sacramento saldrán a luz. Todo depende de la voluntad de mi corrector y crítico, para el que la autoridad paterna no vale absolutamente nada. Pero un día de estos me voy a independizar. Todo a su tiempo. Y, como no es de extrañar que la influencia de un tannat viejo Stagnari ejerza su poder de dispersión mental y en el momento de llevar esos recuerdos al papel, haga que esto resulte de un romanticismo barato y demodé, mi Catón familiar es muy capaz de anularlo sin piedad. Pero, en el supuesto que así no sea, ahí va. Yo sé que mi lenguaje es arcaico y mis ideas, si así se les puede llamar a las pocas que me quedan, están detenidas en el tiempo. De eso me doy cuenta cuando leo las entradas y comentarios de ustedes. El lenguaje que usan está a años luz de mi capacidad. Pero tal vez lo que ahora escriba sea de utilidad para que ustedes se enteren de cómo pensábamos, sentíamos y escribíamos en la prehistoria. Vayamos al tema. Este es un balneario con una arboleda que parece hacer que todo lo demás no exista. Llegamos ayer, y hoy estoy en un porche frente a un patio lleno de árboles, gramilla y laureles blancos y rojos, con un cielo limpio y un sol de fuego, que se mete por entre las ramas de esos árboles para pintar de luz a la gramilla. Y la brisa agitando apenas las hojas de los paraísos, (esos paraísos que viven en mí desde la infancia,) hace de este momento casi un sueño. Hay un silencio y una paz total. La brisa apenas mueve los árboles. Esperamos al Santi que fue a buscar a su sobrina Laura y su esposo Miguel. (creo se llaman así) Es la 1 de la tarde; pasó una paloma en vuelo rasante por la calle desierta. El sol quema, y hace que a la distancia, el aire se pueble de espejismos.. Calmó totalmente el viento, y los paraísos, laureles y eucaliptos del patio, se alzan estáticos como esperando que se renueve. La gente se fue a la playa; yo preferí quedarme, porque el sol es insoportable, y, como la causa de los pueblos, el cuidado de mi pelada seborreica no admite el menor descuido. La playa es espléndida para los niños; a una cuadra de distancia el agua les da por la cintura. No hay pozos ni desniveles. En ella desemboca un arroyito precioso donde los gurises pescan. Pero yo, por culpa de Tati que tiene una pecera, ya no puedo pescar sin cargo de conciencia. La última vez que lo hice, saqué un bagrecito amarillo y Santi se reía porque me sentí culpable y le decía ¡pobrecito! Así que hay mucho para disfrutar sin asesinar bichitos.

No pongo fechas porque realmente acá eso no importa, y la sucesión de días de sol, árboles y cielo azul, hace que el transcurrir del tiempo no pueda encasillarse.

Un cardenal con su copete rojo camina tranquilamente por la calle, sin importarle demasiado el Brandemburgués 4 de don J. Sebastián que estoy escuchando. Cruzando la calle, en el terreno de enfrente, un pino inmenso que domina el entorno, y un árbol de copa verde suave, coronada por flores de un amarillo también suave, a cuyo frente crece otro de hojas generosas de un intenso verde oscuro que muere en matorrales de laureles blancos en flor, con música de fondo de todo tipo de pájaros, y la silueta lejana de los árboles dibujando su imagen difusa contra el horizonte que en el crepúsculo se pinta de rosado, son capaces de lograr que creas en un escenógrafo en el que jamás creíste.

No solo no pongo fechas; la cronología tampoco tendrá lugar porque lo del orden nunca fue mi fuerte. De modo que el relato no va a ser muy coherente. Pero es que tampoco el que lo escribe lo es demasiado.

Como hacen unos cuantos días que llegamos, y mi desayuno es siempre solitario, (no porque madrugue demasiado) tengo unos amiguitos que me he ganado tirando unas migas de pan o galletas en el patio. Hay chingolos, horneros, sabiás y, a veces, unas tórtolas chiquitas. Una pareja de palomas torcazas tienen su nido en un terreno cercano, y el constante reclamo del macho, un sonido triste al que asocio al silencio de las siestas de mi infancia, me trae un montón de saudades Y el regalo de su presencia de vida te hace otra vez sentir, en lo hondo del recuerdo, al terreno de un cuarto de manzana donde estaba nuestra casa, con sus paraísos, duraznero, y la pampita, la vaquita familiar, y el sauco del que, cuando teníamos fiebre, papá hacía té con su corteza. Después me enteré que el ácido acetilsalisílaco, origen de la aspirina, se extrajo originalmente de ese árbol.

(Aclaración importante; aunque Liliana me recomendó la sobriedad, a esta hora, después del mate y antes de almorzar, recibo la visita de un escocés al que suelo hacer los honores. Claro que en compañía de los compañero de turno, y por supuesto, nunca en forma desmedida.) De modo que, si como ya dije, mi relato es de un romanticismo demodé y barato, tal vez haya que buscar ahí la causa.

Durante nuestra estadía nos han visitado y compartido la casa amigos y parientes varios, incluídos una pareja argentina propietaria de un velero, Fernando y Sra., dos personas a las que basta conocer una vez para sentirte por siempre su amigo incondicional. Los conocimos a través de su blog. Otra globera fue la Flaca, acompañada por supuesto por el de la plateada cabellera.

No recuerdo el día en que el Santi fue a la carnicería y trajo algo así como una tonelada de chorizos y otras vituallas. Fue cuando la concurrencia llegó al máximo. El vodka transformado en caipirovsca campeó por sus fueros.

Ayer llegaron los dos Gabrieles con sus mellizas Sofía y Paulina. Fue una pena que primero Julia y luego Maru, las otras biznietas, no pudieran hacerlo porque se enfermaron- Y yo me hice de una novia de 8 años. De mañana, al levantarse, después del desayuno, Sofi se acerca, me abraza bien apretado, me come a besos, y me dice : te quiero mucho mucho. Cuando le pregunto porqué, me contesta: porque sos muy bueno. Así que además de todo lo que disfruto, todavía me regalan emoción. Y agarraditos de la mano, me acompaña en las caminatas. Que te parece. Pero, como dice la canción, tristeza no tiene fin. Mañana hace un año y un mes que la Yaya se fue No conoció este lugar de quietud, luz y silencio.

Hoy tengo la visita de una preciosa mariposa blanca; a veces lo hace una amarilla también grande y hermosa. Me dijeron lo del significado de la visita de la blanca, pero lo olvidé.

Ya dije que sobre el cerco hay laureles blancos, que aunque el entorno no tenga nada que ver, me recuerdan a Piriápolis. Hasta el aroma hace revivir ese recuerdo de las mañanas frente al cerro cuando, (el tango es para Gabriela pero lo que dice involucra a la Yaya.) siento otra vez la emoción “de nuestra treintena de Abriles felices, cuando solamente tu risa se oía, y yo no tenía mis cabellos grises.”

Estoy solo. Bueno; nunca lo estoy. La soledad solo la sufren aquellos que no se atreven a llenarla con vivencias y recuerdos. Y a mí me sobran. Mañana nos vamos, y estos días de vacaciones pasarán a enriquecer el cofre donde los atesoro,

viernes, 10 de diciembre de 2010

…como uno de esos gurises, envuelto en el sol norteño…


Cuando estaba tratando (después de tanto tiempo) de finalizar el relato de mi particular formación académica, para que así entendieran, (o por lo menos procuraran hacerlo), mi enemistad con la sintaxis y la puntuación, (no hablemos de otros detalles) escuché casualmente al Sabalero. Y eso me decidió a posponer aquello. Pensé que a ustedes tal vez también les interesaría el conocer, y, en algunos casos hasta compartir, el recuerdo emocionado de un gurí de pueblo, que seguramente es común a todos los de esa época.

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Hace un momento termino de escuchar al Sabalero en la canción que lo catapultó a la fama. “Chiquillada.” Para los escuchas ciudadanos, seguramente puede emocionarlos. Pero para los que vivieron su infancia en un pueblo a los que aún no habían llegado, (porque no existían) la tele ni la compu, es como ver, envuelto en música y poesía, al gurí que fuimos, y el que felizmente nunca dejó de acompañarnos. Larbanois dijo, en un homenaje que se le hizo al Sabalero, que cuando escuchó esa canción, a él, que es de Tacuarembó, lo asombró el oír a un muchacho de J. Lacaze , nacido y crecido en un pueblo tan distante, describir su propia infancia. A mí me sucedió una cosa parecida. Es un misterio que los gurises de pueblos tan lejanos, carentes en absoluto de la comunicación actual, (estoy hablando de sesenta o más años atrás), tuvieran los mismos juegos e iguales juguetes , como eran el aro y su andador, fabricados por ellos mismos. Chiquillada es una canción para iniciados. Cuando escuché, “media galleta, rompiendo los bolsillos, palito mojarrero, saltitos de gorrión, los muchachitos de toda la manzana, cuando el sol pica en pila, se van p´al cañadón.” Vi, me vi yo también como uno de esos gurises, envuelto en mi sol norteño, rodeado de distancia y soledad, con mi palito mojarrero camino a la cañada, a donde iba (cuando mi padre me dejaba ir a pasar el día a la casa del lechero) a tratar de pescar alguna mojarra. Estoy seguro que muchos de los que escuchan la canción no saben, (y es lógico) que cosa es un palito mojarrero; como tampoco tienen porque saber lo que eran el aro y el andador. Pero eran juegos obligados, (y baratos) de los gurises pueblerinos. Por supuesto no voy a dar una conferencia explicativa. Pero el palito mojarrero era el sustituto de la caña de pescar. Lo hacíamos con la primera rama medianamente derecha que encontráramos, un poco de hilo de coser, un alfiler doblado en forma de anzuelo y vamo arriba. Ya lo dije, la mía no era un cañadón. Era una cañada con agüita transparente que pasaba cantando sobre los cantos rodados del fondo. No sé si alguna vez pesqué una mojarra. Pero, lo puse en mis recuerdos, y cuando muchos años después toqué, por primera vez con la OSSODRE el solo de Campo, el poema sinfónico de don E. Fabini, volví a ser el gurí aquel, al borde de la cañada, con las patitas en el agua ya tibia a esa hora de la siesta, envuelto en la magia del silencio, el sol y la distancia. Y pensé que don Eduardo, también a él, (era de Solís de Mataojo) para poner esa emoción en música, tuvieron que envolverlo en su pueblito como a mí en el mío, la soledad y la distancia infinitas, quemadas por el sol de una siesta de verano.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Mis 90 y la que faltó a la cita

El haber llegado a los 90, me obliga a cumplir con dos deberes. Uno, el comunicarme después de tanto tiempo con los cofrades blogeros. Y otro, el más importante, pagar una deuda de gratitud a la compañera de casi 63 años de vida.

Yo sé que los homenajes póstumos suenan como de compromiso por lo que siempre están cargados, (cuando quienes lo hacen son juez y parte) de subjetividad. Por eso pensé que lo mejor sería contar simplemente su historia de vida, para que así que se den cuenta del porqué de mi recuerdo agradecido.

Mi cumpleaños de los 90 lo festejamos con una cuchipanda homérica. Pero la que por derecho propio debió ser la invitada de honor faltó a la cita. Por muy pocos meses no llegó al 13 de Marzo; hubiéramos cumplido 63 años juntos. Cinco meses le faltaron para llegar a sus 89, y 9 para ser testigo de mis 90. Dije que faltó a la cita ese día, pero estuvo presente siempre. El primer brindis fue para ella. Se llamaba Brilda, pero después de los nietos, todos le decíamos la Yaya.

Y ahora su, nuestra historia.

Nos conocimos en la casa de su tío, al que alquilábamos con mi hermana y su marido una casilla que él tenía en su terreno. En ese entonces, yo recién había empezado a estudiar la flauta, y mi maestro me había conseguido un puesto en la banda de la Escuela Militar. Con mis 20 primaveras y como muchos de nuestra época, era bailarín compadrito y frecuentaba los bailongos de rompe y raja . Pero mi formación hogareña y seminarista, me hacía soñar, como a la Susanita de Quino, con una mamá también hogareña y hacendosa  que me regalara hijitos, condición que le faltaba a mis compañeras de baile. Y, precisamente, apareció ella. Que a veces visitaba a su tío. Era una morocha que, como dice el tango, “se paraban pa mirarla”. Y yo me dije: “¡pah!, a vos misma.!” 

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Y en un cumpleaños familiar la saqué a bailar.  Acostumbrado a bailar, como dice el tango, bien apretadito, cerrando los ojos y mezclando el aliento, quise hacer lo mismo. Pero me encontré con una barrera infranqueable. Ni muy apretadito y mucho menos mezclando el aliento. Recién al segundo o tercer tango y luego de hacer gala de mi mejor elocuencia, conseguí que nuestras frentes acortaran distancia, y vive por siempre en mi memoria el contacto tibio de su frente, y (ella era crespa) el roce fugaz en mi mejilla de uno de sus bucles. Cuando su tía se enteró de nuetro noviazgo recién nacido, le reprochó el haberse entusiasmado con un triste flautista. Ella era preciosa y merecía un mejor partido.Y tuvo razón por partida doble. Además de eso, me cayó como un rayo la enfermedad de la época, que era casi una sentencia de muerte. Lo que quiere decir, triste flautista y tuberculoso. Otra gurisa hubiera huído despavorida por temor al contagio. Ella solo pensó en ayudarme. Como había entrado en la Banda Municipal, pude ir a un sanatorio privado en Colón. Ella entonces trabajaba en una fábrica en la calle San Martín casi Millán. A las 11 salía a la carrera para no perder el 147 y así llegar a Colón,   bajarse, y caminar por Lezica no sé cuantas cuadras hasta el sanatorio a llevarme la comida que me preparaba a diario. Mi hermana no siempre podía hacerlo. Yo no la dejaba acercarse y mucho menos besarme. A ella no le importaba. Y otra vez, para estar a las 13 en el trabajo, caminar hasta el ómnibus. Por suerte me curé en tiempo récord, 5 meses. Le pregunté al doctor cuándo me podía casar, y me contestó que ahora mismo. Pero esperé hasta el año siguiente. Y el 13 de Marzo de 1947, en el juzgado de Sayago y por la módica suma de 18 pesos, me la traje con libreta de propiedad incluída. Le dije que después de todo, no me había salido tan cara teniendo en cuenta que el contrato no incluía prohibiciones de ninguna índole. Fuimos a vivir con mi hermana y mi cuñado a la casa que había sido de mi maestro. Era de madera, por supuesto.  La cocina era en común, los muebles, un juego de dormitorio sin lustrar, (lo hicimos después) y la heladera fabricación artesanal del que escribe, de chapa y madera con aislación de corcho. El hielo como, era común, se compraba al repartidor. Y, como corresponde, había que escribir a París para que viniera la cigüeña. Entonces, mirá las consecuencias. A vuelta de correo llegó el Santi; un parto difícil, y el resultado; un renacuajo pura cabeza. Fué su debut como mamá; y ya de entrada le sacó canas verdes a la pobre. No agarraba la teta, y la pobrecita lloraba. Después una erupción que le agarró todo el cuerpo, a la que no habiá especialista que valiera, hasta que lo curó la homeopatía. En ese entonces el hijo de mi hermana se ennovió y pensamos que seguramente más adelante había que dejar la casa. Y no queríamos pagar alquiler.     

Quiso la suerte que ofrecieran en venta un terreno contiguo. Era propiedad de un señor conocido. Y con la garantía del propio terreno lo compramos en incómodas cuotas. Y empezó la aventura. Plata para edificar...de dónde... Y me acordé de la canción de don Atahualpa. "en la cumbrera ´e mi rancho, anidaron dos  horneros. Y yo parezco un extraño,y el rancho parece d´eyos.” Entonces, para que el rancho pareciera nuestro, como los ladrillos eran muy caros, me inventé un molde desarmable que, modestia aparte, me quedó de película, y, con la Yaya de ayudante, (aprendió a preparar la mezcla de arena y portland para hacerlos ) nos fabricamos, uno por uno, 900 bloques. Y empezamos a hacer el nido. Por $ 7.50 saqué en el municipio un plano de vivienda modesta, y con la garantía de mi cuñado, un préstamo bancario. De manera que cobraba mis suelditos, y lo primero que hacía era pagar las cuotas. Con lo que quedaba, la  Yaya solventaba los gastos caseros  y si precisaba ropa se la hacía ella misma. Yo entonces fumaba. Me compré tabaco y empecé a armar bien finito. Mi suegro fue el peón voluntario al que siempre agradezco, y ella, amén de ocuparse de sus trabajos de mamá y ama de casa, se hacía tiempo para alcanzar baldes de mezcla. Aprendió a hacer hormigón y a calentar asfalto para impermeabilizar la planchada. Subía la escalera con baldes de alquitrán caliente. Santi lo recuerda.

Y bueno, después, ocho años más tarde que el Santi nació Liliana.

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Y, por primera vez luego de 11 años de ama de casa fulltime, la Yaya pudo salir de Montevideo en tren de paseo. Un amigo de la orquesta, había alquilado un departamento en Piriápolis y nos lo ofreció generosamente. Pasamos una semana preciosa. Y ya que hablamos de playa, al nene que  estaba crecidito y ya empezaba a mostrar la hilacha,  le dió por juntar cangrejos, (eso fue en playa Verde) y cuando tuvo el baldecito a medio llenar, no encontró mejor diversión que  levantarle la malla a la madre y volcárselos en el pecho, obligándola así a hacer topless y lucir, urbi et orbi, sus preciosos atributos treinta añeros. De los que la verdad sea dicha, daba más para enorgullecerse que para avergonzarse.

Pasó el tiempo;  liceo, luego facultad e ingreso del  Santi a la B. Municipal.  Casorio y llegó Virginia,  la primera nieta. Vivían en la casita que le habíamos hecho al Santi, a la que llamábamos casa de abajo. El Santi y Lucía, su primera esposa trabajaban; así que de madre pasó a ser madre-abuela.  Después Liliana se casa con un compañero de facultad y aparece Emilio, el que ustedes conocen como el Risueño Fantasma de García. Y al año siguiente, (mi nena no perdía tiempo) nace Tania, la n° 3. Otra que no comía. Pero la Yaya era expeditiva. Al Santi cuando chico, si era necesario lo arrinconaba contra el tejido del fondo y le hacía tragar la avena con leche sí o sí. Y, era tiempo; llegaron las vacas bastante más gordas. Compramos un terreno en Piriápolis, levantamos una casita  entre cerros, árboles y pájaros, y pudo disfrutarla en familia, a la que dedicó su vida, aguantándome y  rodeada de hijos y nietos.

Después Argentina de sur a norte, Brasil, Cuba Méjico y Europa, le hicieron, nos hicieron, vivir momentos inolvidables. Su madurez fué más  fácil que su juventud. Sería precioso ser creyente para así esperar el reencuentro. Pero no lo soy. Entonces creo que el mejor homenaje que puedo ofrecer a su memoria, es el compartir con ustedes la emoción de este recuerdo agradecido.

sábado, 1 de agosto de 2009

currículum académico-episodio 4


Inicio este cuarto episodio con una buena noticia.


Para mí, quiero decir. Nos visitó sin previo aviso y se quedará dos semanas con nosotros, el Risueño Fantasma. De manera que estamos todos felices.


Y, volviendo al tema de mi formación académica, les contaré por que el optar por la música no fué casualidad. No soy creyente; pero pienso que hay un misterio en la secuencia de hechos que para bien, o en algunos casos para mal, te llevan a ser lo que finalmente sos. Y creo también que algunos nacen con estrella. Y yo fui uno de ellos.

En la presentación del blog dije que siempre fui felíz.

Y los hechos ayudaron a que así fuera.

En la época de mi niñez, la década de los 20, en el interior, (no sé si en la capital también,) los hijos trataban a los padres de "usted"; y al dirijirse a ellos, muchos decían "sí señor o no señor." Eso jamás pasó en casa. En una oportunidad, yo tendría seis o siete años, se ve que hice algo por lo que el viejo me rezongó. Y le contesté; "¡desgraciado!". A cualquier gurí lo hubieran sacado de un sopapo por la ventana. Papá solo me dijo; "tenés razón". El era ciego. Cada vez que recuerdo ese momento, se me aprieta el corazón.



Él cantaba, tocaba la flauta, el clarinete, y la guitarra. Era el que cantaba las misas, y en las fiestas escolares les enseñaba canciones a los gurises y los acompañaba. Y en las fiestas de fin de curso, por supuesto el Himno y la marcha "Mi Bandera". Eso se repetía, luego de hacerlo en el pueblo, en dos escuelitas rurales, Franquía y Coronado. El que cantaba el solo ¿adivinen quién? En esos momentos el ego no me cabía en el cuerpo.

Papá tenía además su orquesta propia. Dos o tres guitarras, él con la flauta o el clarinete y a veces también se sumaba un acordeonista. Muchas veces lo llamaban desde la barra del Cuareim, en Brasil, o de Monte Caseros del lado argentino. Entonces atravesábamos el río, a veces en botes a vela y otras en lancha. Siempre me llevaba con él.


Al regreso, en las madrugadas de verano, al cruzar el río padre, cuando había luna y el silencio rumoroso del agua -que todavía consevaba la tibieza de la tarde- todo lo envolvía, sin que papá se enterara, (no me hubiera dejado hacerlo) me sentaba junto a la borda y hundía mi mano en esa tibieza. Y, parafraseando a los Olimas, al recordar, siento clarito al Uruguay que pasa.

Papá me enseñó a hacer flautas perforando cañas con un alambre calentado al rojo.

Y otra vez la suerte.

Yo había encontrado unas esferas de plomo; y el herrero del pueblo, al que yo siempre iba a ver fabricar las herraduras, (me fascinaba ver transformarse mediante el martillo el hierro al rojo sobre el yunque) me ofreció cambiar esas esferas -según él para sus aparejos de pesca- por una ocarina. Por supuesto que el sabía de mi fabricación de flautas de caña. Debía ser la única ocarina del pueblo. Y fue a parar a mis manos. Siempre recuerdo a ese herrero con agradecimiento.

Me pasaba el día haciendo sonar esa maravilla, cuando, (otra vez la suerte) se produjo el milagro. Me salió por pura casualidad, "sol la sol fa mí". ¡pah!, "¡Española españolita!". Era un pasodoble de moda. De ahí en más en la manzana me dirían el gusano. No paré hasta encontrar los intervalos de la melodía y cuando lo logré, me los aprendí de memoria y le hice escuchar el pasodoble al viejo. Él seguramente pensó que el Amadeus era un poroto a lado de su nene. Y me regaló una flauta que ya no usaba. Era del sistema antiguo, de seis agujeros y cinco llaves. Pero era de verdad. De ahí en más no quedó pieza conocida que no asesinara.

Hasta que un 18 de Julio, creo de 1930, bien tempranito me asomé a la ventana e inflamado de fervor patriótico toqué el himno para todo el pueblo. Luego hubo un paréntesis obligado de año y medio. Marché al Seminario y la flauta quedó en casa.


El seminario. (soy el de camisa blanca)


Pero la vida monástica no se hizo para mí. Así que si bien cuando inicialmente pedí para irme no me dejaban abandonarlos pues necesitabn ministros para el Señor, cuando cambié mi comportamiento se dieron cuenta no era digno de tan sagrado cargo.

Y otra vez en mi pueblo querido; pero por poco tiempo.

Papá había muerto y Adela, la hermana mayor decidió que era hora de reunirnos con las dos restantes en Montevideo. Y allá fuimos.

Salimos de Bella Unión el 12 de diciembre de 1932, al medio día, y llegamos a Montevideo el 13 a las 15. Veinticinco horas. Fuimos a vivir con una hermana y su marido.

Y otra vez la suerte.

Como la crisis estaba en su apogeo, tuvimos que mudarnos a una casa más barata. Y en ese barrio vivía el primer flautista de la Ossodre, la orquesta oficial hacía dos años formada. Y lo que es hoy Av. Centenario, en ese entonces era un campito. Y, ahí jugábamos al fútbol. Uno de los que lo hacía era el hijo menor del que después fue mi maestro. Ahí conocí a Pascual hace 75 años. Y todavía nos aguantamos.



Pascualito

Él frecuentaba la casa de don Quico; así lo llamaban al que fué mi maestro. Y entonces le habló sobre mis deseos de estudiar. Su respuesta fue: "ese debe ser un atorrante como ustedes".


Y otra vez la suerte o el destino.

Lo que en otras circunstancias hubiera sido un drama, resultó ser una alegría. Yo trabajaba en la Kásdorf de repartidor. Pero surgió la Conaprole, la clientela mermó, y sobrábamos empleados. Don Quico justo en ese momento terminaba de comprar un casita de descanso y necesitaba quien se la cuidara. Y allá fui, recomendado por Pascual y Javier, su hijo. Y, por supuesto me llevé mi flauta. Entonces don Quico me escuchó, me regaló métodos, la flauta que fue de Gerardo Grasso, autor del Pericón Nacional, y me enseñó gratis. Que les parece. Tiene un monumento de admiración y gratitud en mi corazón.

Francisco Russo, "Don Quico"

A los seis meses, por medio de algún conocido, como hacía falta una flauta en la banda de la Escuela Militar, me recomendó y allá fui, a servir artísticamente la Patria. Y ahí conocí a Sparano, el oboísta que fue después compañero querido en la Banda Municipal, la Ossodre y en nuestro quinteto inolvidable. Estando en la banda de la Escuela Militar conocí lo que eran las maniobras. Para nosotros un picnic corrido. Tocábamos diana de madrugada, luego expropiábamos leña del depósito, y a desayunarnos, jugar a las damas o al truco, y algunos a estudiar.


Cada tanto, como el rio Santa Lucía estaba muy cerca, nos escapábamos a pescar. Por supuesto que eso estaba prohibido. Los músicos figurábamos como civiles; estábamos sujetos a la disciplina militar solo en horas de servicio. Llegábamos vestidos de civil, nos poníamos el verde que te quiero verde mientras realizábamos nuestra labor de criminales de la música, (no se hacen idea de los crímenes de lesa afinación).

Y estuve arrestado una semana con Ovidio Alvarez, trombonista.

Él era de la barra del fútbol del barrio y estaba hacía más tiempo que yo en la Banda. Los Jueves tocábamos diana muy temprano. Yo vivía a pocas cuadras de su casa, y para despertarlo le tiraba una piedra al techo de zinc. Un Jueves me dormí, y, por supuesto, él también. Pero los Jueves también tocábamos retreta en la vereda de la escuela. Los dos teníamos novia. Si ibamos de tarde ya no salíamos. Entonces le dije a Ovidio; vamos mañana preparados. Al día siguiente llevamos platos y una muda de ropa. Una semana de arresto. Dormíamos en el dormitorio colectivo debajo de las gradas de la cancha de fútbol. Por la mañana había que desarmar las camas. Eran los ponchos y una especie de frazadas, por supuesto verdes. Cuando los milicos ya tenían todo ordenado, nosotros estábamos en veremos. Entonces Ovidio se inspiró y recitó aquello de: "cuarenta balcones y ninguna flor; ¿hay en esa casa alguna niña novia, hay algún poeta lleeeno de ilusión?" etc. Entonces recurrí a mi amor, Juana de América: "Caronte; yo seré un´escándalo en tu barca". Pero miré la sonrisita de los milicos y le dije a Ovidio; vamos a cortar porque nuestra virtud corre peligro.

Esto ya lo puse en mis recuerdos pero va por si alguien no los leyó.

Estuve ahí hasta que en la Banda municipal se llamó a concurso para llenar un cargo de segunda flauta.

Y otra vez la fortuna.

Si el llamado hubiera sido un año antes, no lo hubiera ganado. Yo hacía tres años que estudiaba; y mi competidor, que era mi compañero y amigo en la banda militar, hacía seis. Fué feo, pero él lo aceptó muy bien. Muchos años después, fue por un tiempo mi segundo flauta en la Ossodre. Y al entrar en la Banda Municipal, culminados mis estudios universitarios, solo me quedaba ingresar al posgrado.


Eso, irá en el próximo episodio.