Ya, en cierto modo, me conocen. Mi nene, el Santi, sin autorización,(atrevido como siempre,) publicó el relato de mis recuerdos. Como se habràn dado cuenta, no nací ayer. Con mi amigo del alma, Häberli, que se me fue hace poco, decíamos que con Benedetti e Idea Vilariño, somos de la sub 20. Por el año en que nacimos. Los espero.Tata

sábado, 19 de abril de 2008

Hola; la Flaca y el Santi me obligan, ella cariñosamente y él faltándome el respeto, a escribir sucesos de la prehistoria. Quién, en aquellos tiempos se hubiera animado a decirle al padre, venerable ya, "viejo; dejate de joder y contá tus hazañas; total, la Yaya no maneja la computadora." Cuando mi niñez, los gurises se dirigían a los padres tratándolos de usted. Algunos de los vecinos obligaban a sus hijos a decirles sí señor o no señor. Aunque tuvieran 30 años, los muchachos no fumaban frente a los progenitores. Cuento esto porque quiero que conozcan al fuera de serie que fue mi papá.
Nacido en 1880, fué solo hasta tercero de la escuela del pueblo. Del 80 al 86, me supongo. Hijo de un inmigrante panadero, no sé como aprendió la guitarra, la flauta y el clarinete. Como no creo en los milagros, autodidacta y por tanto carente de formación técnica, tocaría lindo tal vez, pero seguramente mal. Digo que tocaría lindo, porque también cantaba con una hermosa voz, bien afinado, y las Señoras, cuando en grandes ocasiones cantaba las Misas, decían extasiadas "qué sentimiento!" Asì que imaginen, músico, cantor buen mozo e inteligente, el arrastre que tendría. Pobres de ellas; pero también de él. Los antibióticos no existían, así que cuando nací el ya estaba casi ciego. Imaginen un lector impenitente condenado a lostreinta y pocos años a la oscuridad. En cuanto aprendí a leer, era el ritual de todas las noches sentarme al borde de la cama para leerle toda una serie de libros que por suerte un señor del pueblo adinerado, que tenía una preciosa biblioteca, le prestaba. Ahí conocí a A. France, Mark Twayn, Dumas, Manrique, etc. Yo tenía 8 años. Lo tratábamos de usted porque el tuteo era impensable. Pero un día me rezongó por algo, y le dije; desgraciado. E lugar de sacarme por la ventana de un moquete, como hubiera hecho cualquier padre de la época, me dijo: tenés razón. Como mamá ya no estaba, en invierno muchas veces se levantaba a cubrirme con la manta. Todavía, al recordarlo se me entibia el corazón. Jamás me pegó; solo me llevó preso. Un día que se ve me porté muy mal, me dijo que tenía que ir hasta la escuela a hablar con alguien. Enfrente, estaba la comisaría. Cuando pasamos me hizo entrarcon él para hablar con un milico amigo, seguramente al tanto. "A este señorito me lo mete en el calabozo y cuando mañana pasen los compañeros para la escuela, me lo pone a barrer la vereda. Se ha portado muy mal" Claro; barrer la vereda frente a los otros era espantoso. Pero prometí portarme bien y quedé en libertad. Ya totalmente ciego, me hacía cometas y me enseñó a hacerlas. Cuando con su orquesta lo llamaban de Monte Caseros en Argentina, cruzábamos el Uruguay en bote a vela. Todavía escucho el silencio poblado de rumores en las cálidas noches del verano norteño, y la tibieza en mi mano del agua de aquel río querido. Es increíble; pero cuando empecé refiriéndome en broma al respeto del Santi, se me ocurrió rendir este homenaje a aquelHombre irrepetible del tuve la suerte de ser hijo. Habrían mucho más cosas para contar; pero ya lo haré si interesa a la amable cofradía.

3 comentarios:

andal13 dijo...

Mirá, Tata, me has dejado como una mujer en un retrato de Picasso: con la cara mitad lágrima, mitad sonrisa...
Me encantó esta monedita de pasado, así que abrí el cofre y empezá a compartir con nosotros esa fortuna que tenés guardada ahí.
Gracias.
Andrea

Ada dijo...

Tata, como no van a interesar tus historias? tenés una forma tan hermosa de contar que no solo me imagino cada palabra, sino que además me emociona mucho tu relato tan sentido. Te mando un beso enorme y por favor danos el privilegio de seguirte leyendo!

Rossana dijo...

Quedé totalmente adherida al relato. Me emocíonó y me hizo sonreir, una comisura para abajo y otra para arriba. Seguí contando. Un beso